miércoles, 18 de mayo de 2011

Lo conozco: Si las cosas se ponen toscas desaparece mágicamente para volver con los vientos calmos, cuando pasó la tormenta. En mayo, después de un mes de dejar de hablar le mandé un email pidiéndole que apareciera: “Ayer encontré una conversación nuestra del seis de febrero, no tenía idea de que hubiéramos hablado. Conectate, hablame. Aparecé, flaco. Aparecé. Necesito verte, quiero hablarte. Sabés que te quiero mucho. No lográs nada así”.No tuve respuesta alguna, así que seguí presionando sus botones, sabía que tenía que hacerlo reaccionar: “Me estás lastimando mucho y no te das cuenta. Abrí los ojos. Mirame, tócame. Soy real. Te quiero y estoy acá. Quiero escucharte. No me prives, no me censures, no te escapes: esta realidad existe”.

Básicamente quería escucharlo decir lamento lo que te está pasando, voy a ir a visitarte, esto lo vamos a hablar, lo vamos a aclarar, va a estar todo mucho mejor”. Eso me hubiera hecho feliz. Me contestó con un email lastimero:No lo sientas como abandono o desapego. Vas a tener que entender que es lo mejor para ambos”.
No podes seguir escondiéndote, es estúpido. No sos el hombre que conocí. ¿Qué pasó? ¿Por qué no me querés ver? ¿Te asusté? ...