lunes, 14 de enero de 2013


Un día pasa. Pasa que estas de pie en algún lado y te das cuenta de que no quieres ser ninguno de los que están a tu alrededor. No quieres ser el puto pringado al que le has reventado la cara, y tampoco tu padre, ni tu hermano, ni nadie de tu puta familia. Ni quieres ser la señora jueza, ni siquiera quieres ser tú. Sólo quieres salir corriendo. Salir a toda ostia del sitio en el que estas, y de repente ocurre, algo se acciona, y en ese momento sabes que las cosas van a cambiar: ya han cambiado, y que a partir de ahí ya no volverán a ser lo mismo nunca, y cuando ocurre, lo sabes.